La pérdida del olfato predice el deterioro mental



La pérdida del olfato o anosmia, se ha hecho popular recientemente como parte de la sintomatología de los pacientes con covid.

Pero viene siendo motivo de estudio e interés científico desde hace unos años.


En un estudio americano de casi 3.000 adultos, se les dió 5 olores comunes a identificar.

Los cinco olores, en orden de dificultad creciente, eran menta, pescado, naranja, rosa y cuero.

El 1 por ciento de los sujetos del estudio no fue capaz de identificar ni un solo olor.

Cinco años después de este test, casi todos los sujetos del estudio que no pudieron nombrar un único olor habían sido diagnosticados de demencia.

Casi el 80 por ciento de los que aportaron sólo una o dos respuestas correctas también tuvieron demencia a los pocos años. Por lo que el estudio concluye que la pérdida del olfato, puede ser un signo temprano de las personas con mayor riesgo de demencia, de Parkinson y de Alzheimer. Además existe una relación directa, a menos olfato más grave y más rápido evoluciona la enfermedad.


Todo tiene una explicación, el nervio olfativo es el único nervio que conecta el cerebro directamente con el exterior de nuestro cuerpo, lo que ofrece vía libre y directa a los patógenos y contaminantes ambientales hacia el sistema nervioso central.


Los olores no influyen exclusivamente en la nutrición , también en nuestro bienestar en general. No poder oler está estrechamente asociado con la depresión, puesto que reduce el placer en nuestra vida cotidiana , no solo en lo relacionado con el placer de comer, también en el placer de oler a limpio, las flores, un peligro como un incendio o un escape de gas, y muchas cosas más...


La calidad de vida de quienes padecen pérdida del olfato se ve directamente afectada debido a la frustración y a la pérdida de ilusión por los placeres del día a día.

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